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El cuentazo

  • Foto del escritor: Justin Jaquith
    Justin Jaquith
  • 21 abr 2021
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 4 oct 2023

Ya he decidido. La protagonista de mi siguiente cuento será una joven de dieciocho años que está haciendo planes de huir de un matrimonio concertado. Vive en una choza en la India en el siglo diecinueve. La casamentera ha logrado conseguirla un prometido que es rico, pero bastante feo y gordo. Por supuesto que la mujer no lo ama, y con una desesperación nacida del asco, saldrá de su casa a medianoche y, acompañado de un camello robado de su vecino, irá a buscar su fortuna en la capital. ¡Un cuentazo sobre el deseo del ser humano de determinar su propio destino!


Me recuerda mi esposa, con abundancia de tacto, que nunca he ido a la India, no conozco a nadie de la India y ni me gusta la nuez de la India. Es una mujer sabia, y tiene toda la razón. De hecho, ya me entró la duda si en la India hay camellos, y me da cierta flojera investigarlo. Para evitar la hipocresía y la ignorancia, ya he decidido: la protagonista será norteamericana, del estado de Oregón. Conozco muy bien esa región. Solo que ahí el matrimonio concertado no existe, ni hoy ni en el siglo diecinueve, entonces va a ser una mujer infelizmente casada con aquel hombre rico, gordo y feo, pero ahora también abusivo. Ella en defensa propia mata a su marido con algún método dramático que quedará pendiente por el momento, pero temiendo que la acusarán de haberlo hecho por el dinero, decide huir a las montañas. Definitivamente no hay camellos en Oregón, pero sí hay lobos, entonces después de huir de su casa, se hará amiga de un lobo cachorro, y juntos tendrán muchas aventuras, convirtiéndose en bandidos y leyendas. ¡Un cuentazo sobre la supervivencia humana ante todo obstáculo!


Mi esposa me informa que la idea es buena, pero no es posible para mí, siendo hombre, entender la lucha femenina o representar con exactitud el punto de vista de la mujer. Yo podría hablar por el señor gordo y feo, afirmó ella, pero no por la mujer. Tiene razón. Para evitar el machismo y la misoginia, ya he decidido cambiar de género al protagonista. Va a ser un joven de veinticinco años, guapo y listo. Se ha enamorado a escondidas de una niña de familia adinerada, y con el sueño motivador de pedir su mano en matrimonio, saldrá a hacer su fortuna minando oro en California. El lobo me parece buena táctica literaria, entonces lo mantengo, solo que ahora no es un cachorro, sino un lobo adulto, feroz y solitario, rescatado por el protagonista de una trampa para osos. ¡Un cuentazo sobre la fuerza imparable del amor joven!


Mi querida me dice que, para ella (en su humilde opinión y sin el afán de decirme como ejercer mi profesión), ese cuento sería sumamente aburrido. ¿Qué hará un chavo así en el cuento, menos casi morir cada rato en el bosque, o pelear contra otros mil chavos apestosos y hormonales? Sería un cuento para niños adolescentes, sin ningún toque refinado del arte y el romance porque a la mujer y al amor, los está dejando atrás desde un inicio. Lo admito, tiene razón. Para evitar el aburrimiento, ya he decidido trasladarlo al siglo veintiuno, para que el protagonista y su amor secreto tengan más facilidad de comunicarse y moverse. El chavo seguirá siendo pobre, pero ahora es un genio nato para la tecnología, y se va a California para hacer su fortuna en Silicon Valley, la Meca de los nerds, cuna de empresas emergentes e ideas que nadie entiende. Ahí se hará exitoso, multibillonario, conseguirá el amor de su vida y vivirán felices siempre. ¡Un cuentazo sobre la innovación atrevida que interrumpe los sistemas arrogantes y opresivos!


No me lo dice tal cual mi mujer, solo lo insinúa entre líneas, que ese cuento fallará también. Todo le es muy fácil para el nerd de superpoderes técnicos. El lector necesita sufrir un poco, entonces el protagonista tiene que sufrir mucho. Esas son las reglas. Tal vez si el amor, por lo menos, no le fuera tan fácil… Es un buen punto. Para evitar la insipidez del éxito barato, ya he decidido: el protagonista ganará el mundo, pero perderá el amor. El mismo éxito y poder le corromperán. Se volverá lo que antes odiaba, asimilándose al sistema opresivo que había jurado destruir. Se dará cuenta demasiado tarde que lo que más quería y lo único que necesitaba, ya lo tenía. ¡Un cuentazo sobre el amor frustrado por la ambición egoísta!


Me asegura que el cuento tiene mucho potencial, más que nunca. Solo que hay más cuentos de enamorados frustrados que hay humanos en todo el planeta. El mundo literario está plagado de tragedias romeojulietas. Para evitar los clichés, ya he decidido…nada. No he decidido nada. Todo es cliché. Escribir sin clichés es escribir sin vida, porque la misma vida es cliché. Es una colección de clichés recalentadas en microondas y servidas en platos de lujo.


Ahora sí, he decidido. El protagonista será un escritor de cuarenta y cuatro años. Masculino. Ni pobre ni rico. Semi-inteligente, semi-guapo, nada fuerte pero tampoco tan gordo, sin camellos ni lobos ni genio destacado. Casado, por supuesto. Con una mujer que le ayuda tanto a escribir que nunca escribe nada.


©2021 Justin Jaquith

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©2021 Justin Jaquith

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